Casi con toda seguridad, uno de los principales problemas que se encuentran los padres con la vuelta al colegio, después de obviar el económico, claro, es la negativa de algunos de nuestros menores a asistir al colegio. Esto puede ser interpretado como simple capricho, a algunos niños es que no les gusta desde tan pequeños el colegio, es que son flojos o dormilones. Sin embargo en mucho de estos casos , la etiología o causa de esta negativa podemos encontrarla en un problema de ansiedad. ¿ Cuáles son algunas de las claves para identificar este problema y cómo tratarlo con eficacia?  Los principales síntomas de la ansiedad de separación lo encontramos a tres niveles. En el nivel cognitivo encontramos preocupaciones excesivas  por la posibilidad de perder a sus padres o porque estos sufran algún daño, a nivel psicofisiológico manifestación de un malestar excesivo a través de dolores de cabeza, de estómago, náuseas o pesadillas  y por último a nivel conductual hay una negación excesiva a separarse del hogar o realizar actividades en las que no están presentes sus padres por muy de su agrado que estas sean.

 
Un miedo infantil desaparece cuando el niño se coloca en la situación temida y comprueba que realmente no sucede nada malo. Razonar a un niño que no tiene sentido temer una cosa inofensiva no es un procedimiento terapéutico efectivo, el miedo es un sentimiento que escapa a su control voluntario. El objetivo no es convencerle de lo que ya sabe perfectamente, sino de la necesidad de afrontar la situación temida para que el miedo desaparezca. Algunas estrategias que pueden facilitar el afrontamiento pueden ser que este se realice de forma gradual y progresiva, poniendo ejemplos al niño que le sirvan de modelo, enseñándole a relajarse, reforzando todas las conductas de acercamiento y sobre todo el menor tiene que ganar confianza en sí mismo sabiendo que puede llegar a conseguir las metas propuestas y que nosotros confiamos en que él puede conseguirlo.