Además de los distintos Trastornos del Aprendizaje, que hemos ido describiendo en las distintas ediciones de este Suplemento de Educación, existe un amplio abanico de circunstancias o problemas que pueden afectar al rendimiento académico de los menores. De hecho el ámbito escolar es con mucha frecuencia donde se muestran las primeras señales de la mayoría de las problemáticas infantiles,  miedos ante la separación de los padres, maltratos domésticos, adicciones o juego excesivo a las videoconsolas, depresión, trastornos obsesivos, etc. En este y próximos artículos iremos tratando estos trastornos que pretendemos que puedan ser detectados en las aulas.

 
Es una creencia infundada, que los niños pequeños no pueden padecer depresiones, quizás por la creencia popular de que quien no  tiene problemas no puede estar triste. Nada más lejos de la realidad, aunque no es hasta finales de los años sesenta cuando empiezan a aparecer estudios sobre Depresión Infantil, E.Poznanski y J.P.Zrull en 1970 observaron a 14 niños que mostraban depresión afectiva, es decir, la expresión de un estado afectivo de desgracias o tristeza crónicas. Desde entonces son numerosas las investigaciones al respecto y actualmente la mayoría de ellos concluyen que la sintomatología de la depresión en la infancia puede agruparse en seis grupos principales: Respuesta Afectiva (sentimientos de tristeza, desgracia y llanto), Autoconcepto negativo (sentimientos de inutilidad, poca autoestima y falta de cariño), Disminución de la productividad mental y de los impulsos (aburrimiento, falta de energía, poca iniciativa, retraso motórico), Preocupaciones (por la muerte, la enfermedad  u otras), Problemas de agresión (irritabilidad o explosiones de mal humor) y Somatizaciones (dolores a los que no se les encuentra ninguna explicación médica como problemas de estómago, dolores de cabeza o mareos) Lógicamente todos estos síntomas tendrán una seria repercusión en el rendimiento académico, en las relaciones familiares y sociales del alumno.