El dilema de muchos padres surge cuando el menor pretende tomar decisiones que pueden no parecer las mejores decisiones. Los datos son contundentes, los niños no son más felices por hacer todo lo que quieren, sino todo lo contrario. Generalmente, estos niños que siempre hacen lo que quieren, terminan frustrándose con mucha facilidad, enfadándose con sus iguales, con los familiares y hasta con la sociedad en general. Llegado el momento de exigirles aceptar unas normas, son incapaces de entenderlas y sobre todo de cumplirlas.

        Con los menores han de ser tomadas decisiones  habitualmente y cuando no hay otro criterio el que se tiende a utilizar es el de su preferencia. Sin embargo, desconocer algunos criterios no significa que éstos no  existan. Buscar criterios que nos permitan ayudar a los menores a decidir puede ser fundamental para el adecuado  desarrollo de éstos. Nos puede servir de ejemplo el momento de elección de una actividad extra escolar. En esta decisión son muchos los criterios que podemos tener en cuenta, además del de la preferencia del menor.

        En primer lugar, aunque pueda parecer obvio, hay que considerar la viabilidad del proyecto. Cuando se marcan objetivos, el adulto ha de ayudar a elegir proyectos que sean realizables y para ello tendrá que considerar horarios, desplazamientos, acceso a los materiales o compatibilidad con otras obligaciones. Uno de los objetivos fundamentales de la educación es crear hábitos y responsabilidad, insistiendo en la importancia  y beneficios de la perseverancia así como en los perjuicios que causa el abandono y la ausencia de tolerancia al esfuerzo.

        Otro de los criterios que ha de ser considerado, es la personalidad del menor, sus actitudes y formas de comportamiento que facilitaran el desarrollo de un tipo de habilidades u otras. A veces los padres solicitan estudios de personalidad de los menores que les ayuden a conocerlo mejor de forma que en función de sus rasgos fundamentales puedan elegir con mayores garantías una actividad que sea compatible con ellos.

        No ha de quedar en el olvido,  que el estudio de  las capacidades o aptitudes del menor nos va a permitir  elegir una actividad que pueda realizar con unas mínimas garantías de éxito. Así, su motivación se estimula, a la vez que crece su autoestima y mejoran sus habilidades.

        Por último, es de tener en cuenta la existencia de diferencias de género, que hacen que niños y niñas desde sus primeros meses de vida tengan preferencias por tipos de juegos diferentes. En la adolescencia, estas diferencias llegan a su máxima expresión. Lo que hace necesario, como decíamos al inicio, tratar de ayudarles a tomar decisiones y no de tomarlas por ellos.